martes, 30 de marzo de 2010

Profesionales

El plan de trabajo de ayer para la plantilla del Cádiz tras la desesperanzadora imagen dada por los jugadores ante el Real Unión, y después de no entrenar en todo el fin de semana al llegar del norte el sábado y disfrutar el domingo de un día de descanso, incluía un entrenamiento voluntario para los que viajaron a Irún y una sesión típica de lunes para el resto. Y de la expedición de 18 hombres que estuvo en el Stadium Gal sólo tuvieron la vergüenza de acercarse hasta las instalaciones de El Rosal cuatro jugadores: De la Cuesta, Andrés Fleurquin, Dani Fragoso y Jonathan Ramis. O lo que es lo mismo: dos veteranos con la ilusión de un chaval que pretenden llegar en el mejor estado de forma posible al desenlace liguero, un profesional que lo mismo tiene que ayudar en defensa que tiene que hacerlo en el centro del campo y un chaval de 20 años llegado de Uruguay en el mercado de invierno al que están condenando a jugar en las bandas y que tal vez no pierde la esperanza de ser el hombre más adelantado en algún partido de los que restan de aquí al final de la temporada.

A los futbolistas no les afecta que el Gobierno quiera prolongar la jubilación hasta los 67 años. Ni tienen que cumplir la semana laboral de 36 horas. Sus sueldos le hacen temer por el futuro, pero no deben tener problemas para llegar a fin de mes jugando en un equipo, como es el Cádiz, que milita en el fútbol profesional. Y tras regalar a su afición la enésima decepción en un terreno de juego en el regreso a Segunda División lo mínimo que se puede exigir es un poco de compromiso. Y más si lo del domingo no es un partido amistoso, sino una final con mayúsculas que privará del sueño a más de un seguidor durante toda la semana.

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